Literatura Alternativa Sueca: ELISABETH BERCHTOLD

(8 de Junio del 1971)

Hija de inmigrantes austriacos esta poeta vive en un apartamento de una sola habitación en el extrarradio de Estocolmo. Los terrenos outsider han sido comúnmente vinculados a una idealización romántica de personajes masculinos que exhalan humores oscuros, vivencias salvajes en entornos decadentes y ambiciones guiadas por fuertes emociones de clichés rebeldes. Durante generaciones la imagen de un poeta que plasme este ambiente ha sido ensalzada de un modo snob dejando la decadencia y la suciedad del alma en manos masculinas. Sin embargo hay mujeres outsider y voces femeninas en la literatura que encajan en ese subgrupo por desencajar en las normas establecidas por la sociedad. Elisabeth Berchtold pertenecería a ese tipo de poesía.

Su familia se mudó a Suecia porque el sueldo era tres veces mayor que lo que podría haber ganado con el mismo trabajo en Austria. Su padre no tenía estudios y se sacó el equivalente a la ESO y el Bachillerato en una escuela para adultos. Ella describe a su madre con un gran conocimiento de la vida en asuntos tales como las constelaciones, las variedades de manzanas, los insectos, las compotas y las transformaciones sagradas. Creciendo en ese humilde entorno familiar le costó mucho salirse de las expectativas de lo que los suyos esperaban que hiciera con su futuro. Trabajó en un sin fin de oficios tales como limpiadora, ayudante de cocina, cartera, asistente de estudiantes, gestora de ocio en una piscina, gestión de parques y jardines, cuidadora, vendedora de camisetas en Drottninggatan (calle comercial del centro de Estocolmo), etc.

De estar tan pendiente de lo que los demás querían que hiciera, trabajara o fuera, empezó a escribir para tomar conciencia de su propia voz en consonancia a la de su familia. Dice: «Me volví envidiosa hacia los que escribían y quienes decían que querían escribir. Yo me sentía gris, triste y melancólica por dentro. Era un sueño tan inalcanzable que no me atrevía a pensar en ello en voz alta por mi misma.» Así que buscó en los barrios periféricos de la ciudad cursos de escritura.  Cuando escribió su poemario debut Marialucia no encontró quien lo publicara hasta que en 2012 la editorial Norstedts aceptó la propuesta y lo lanzó al mercado con apariencia casi de fancine. Hoy se considera uno de los poemarios más innovadores y rompedores de la última década en literatura sueca.

En Marialucia  la desesperación se ampara en la histeria, concepto que tradicionalmente se ha destinado para referirse a la infelicidad e inadaptación femenina ante la cultura y la sociedad. Para ello  utiliza un universo mítico con resonancias clásicas, naturales y religiosas en sus 4 personajes: Eurídice, Rosa, Santa Lucía y María. Con un estilo mórbido y oscuro descendemos a los infiernos en compañía de estas mujeres. Animales, carne, pelo que crece lleno de sangre, sexo y labios rojos desencadena en una epifanía surrealista y orgiástica. Elisabeth Berchtold ensucia voluntariamente su poesía. No hay nada bello en sus textos, incluso las rosas se tornan putrefactas en paisajes blancos. Sus versos son principalmente carnosos, es decir, en ellos hay preferencia por hablar de los cuerpos físicos en sí mismos. El cuerpo femenino se niega a ser hermoso y se muestra móvil y difícil de mantener anclado. Los órganos se representan con símbolos muy cotidianos como puede ser el pan o la leche y los fusiona con la naturaleza. Esta iconografía mítica y casera a la vez, con desmembramientos y vísceras y que salen del cuerpo es de un imaginario parecido al de Frida Kahlo.

Foto: Sara Moritz

Eurídice se reformula en el paradigma de una mujer que lleva un rata bajo su brazo y cuida de los niños subterráneos que se dedican a mutilar hombres. Utiliza los ritos de iniciación primitivos y violentos de un modo arcaico, de tal modo que mientras los niños destrozan los cuerpos se destroza poco a poco el lenguaje. Rosa cae en la cuenta del mundo que la rodea de un modo frenético y libre. La naturaleza se apropia del cuerpo de la mujer literalmente al metamorfosearse en su etimología floral. María y Lucía son el éxtasis grotesco cristiano. En vez de volverse cuerpos celestes, de emanar luz, se tornan sangrientos y llenos de orín. María experimenta un éxtasis surrealista que recrea una de las imágenes más poderosas del poemario en el que órganos, vaginas, espuma y anguilas se sesgan en una sintaxis que funciona a modo de grieta. Santa Lucía, mártir torturada por su fe, es de una visualidad medieval dantesca: venas expuestas, riñones y uñas brillantes.

Su escritura explora la lógica del choque pero sin formulas agarrotadas ni hinchazones en sus costuras. Pese a la fealdad de sus imágenes, su poesía es bella por la capacidad de sugestión, por su ruido y porque nos crea rozaduras al leerlo. Elisabeth Berchtold no solo democratiza sus palabras sino también esos feos sentimientos que comúnmente se ha dicho que ensucian al individuo. Dentro de ese revoloteo y batir de alas histérico hay una belleza marginal. Como decían en una noticia del Göteborg Posten con motivo de la publicación del libro, su poesía «es como si las niñas estuvieran constantemente dando vueltas en un vestido de carne de Lady Gaga y recitando poesía retorcida».

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3 comments

  1. Pingback: Traducción: Elisabeth Berchtold | M. L. Riudoms

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