It girl

No había dormido casi nada. Tenía los nervios a flor de piel desde que su post había empezado a tener visitas. Cada lapso de tiempo, entre 2 y 30 minutos, necesitaba comprobar cuanto había ascendido su gráfica de visitas, cuantos habían comentado y si alguien con muchos seguidores se había dejado seducir por ello. Cada vez subía más lentamente pero seguía ascendiendo y eso era algo a lo que no tenía por costumbre de suceder. Las cosas que escribía parecían no interesar a nadie pese a que, desde un punto de vista subjetivo, no eran muy distintas a las de personas que tenían más de 200 likes diarios.

Se había obsesionado con una chica, una It girl en cuyo blog la dueña colgaba fotos con textos enigmáticos. Estos escritos solían ser breves y las imágenes modernas. Si uno leía sus posts sugerían muchas cosas pero realmente no decían nada. Funcionaban como imágenes, con su lenguaje visual que quizás le acercaba más a la poesía, pero sin serlo. No llegaban a eso. Para ser poesía es posible que necesitaran algo más o algo menos. Quizás el problema era que la muchacha era muy joven y todavía no tenía un universo demasiado complejo. Las ideas eran muy simples y cotidianas. Encontrabas una continuidad de obsesiones con símbolos, como las libélulas, para reflejar un dolor adolescente, casi puro si es que el dolor puede ser puro. No le gustaban los posts de ella, los consideraba banales, olían a profundidad mostrando solo la costra. Pero tenían algo adictivo, casi de folletín, seguramente producido por el formato en entregas. Sí eso conseguía que entrara al blog de la It girl una vez por la mañana, otra por el mediodía, otra por la noche.

Se había convertido en voyeur y había dejado de escribir. Odiaba el éxito de esa IT girl y sin darse cuenta empezó a copiar sus maneras, su estilo y los temas. La obsesión funcionaba como un espejo. Retwetteaba sus comentarios, intentaba hacerse visible en su Facebook en un intento de conseguir la atención de sus admiradores. ¿Pero que sentido tenia que los admiradores fueran a una imitación si podían tener a la original? ¿Qué sentido tenía si cuando acudían a su blog, este estaba vacío debido al bloqueo que sufría? La frustración fue creciendo día tras día. Ese sentimiento se hizo tan real que necesitó expresarlo por escrito. Le atacó verbalmente en una nueva entrada a su blog mostrando selfies tomadas del famoso Instagram de la chica, modificando algunos textos de sus entradas más valoradas hasta conseguir una perfecta parodia ácida y totalmente ofensiva.

Y ahí estaba, mirando ascender el contador, superando a la IT girl con solo un post. Encontrando comentarios que le atacaban de ser un algo repulsivo por haber posteado algo así, otros felicitando que se pusiera de manifiesto la estupidez de esa chica que ni era muy bonita ni interesaba a nadie con todos esos lugares cool y ropa moderna. Durante toda una noche se convirtió en trending topic. En la pantalla, a través de su blog sentía fluir el odio y resentimiento de miles de personas y se sentía como vértice desencadenante de ello. ¿Por fin era alguien en alguien en la red? ¿Alguien que podía superar la banalidad de esa estúpida niñita que posaba?

A las 10:00 am de la mañana la It girl escribió su único comunicado online a través de su blog que automáticamente se vinculó a sus otras redes sociales. En el aparecía una libélula clavada con una aguja y abajo unas única frase: “Cloroformo inyectado con malicia duele menos que ser colocada en un mostrarlo con alfileres”. El mensaje contenía un link que conectaba con el post ofensivo. No se lo podía creer, se triplicaron las visitas con respecto a la noche anterior. Se quedó una hora cargando su página de estadísticas en bucles de 3 segundos. Su enemiga estaba multiplicando a los curiosos. Empezó a profesar algo similar a un orgullo cuado este se parece al asco. La vanidad le impulsó a aprovechar el filón y escribir otro post. Sus dedos tecleaban inspirados, ese era muchísimo mejor, más personal y reflejaba lo que hacia tiempo no habría podido expresar. Tomó alguna foto hermosa para acompañar y lo subió.

Pero que extraño, el contador de visitas seguía creciendo de un modo más leve pero solamente gracias a su post anterior. Las estadísticas mostraban claramente que  nadie se paseaba por los anteriores escritos ni por el nuevo. La sangre se le heló en la nariz y el asco se hizo más evidente que el orgullo, esta vez. Visitó los distintos sites de la It girl, no daba señales de vida. Ese fue probablemente uno de los días más aburridos de su vida, comprobando actualizaciones en una pantalla, viendo quien decía qué y mordiéndose las uñas. ¿Había derrocado a un ídolo? ¿Por qué si había despertado la conciencia de las masas no leían su siguiente entrada?

A la mañana siguiente todo volvió a la normalidad. La It girl regresó a la labor de ingresar  más fotografías sobre la aparente intimidad, ropa y palabras emuladas como poesía sin apelar al conflicto del día anterior. Ya nadie entraba al post vejatorio, el tema había sido olvidado rápidamente. Pensó que la velocidad de la banalidad tiene ese precio: rápido esplendor, rápido olvido. Con eso acallar su frustración durante unos días y le permitió seguir alimentando su inactividad en post de un odio hacia las nuevas formas de expresión y el ejercito de seguidores que ellas están generando.

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