Reflexión sobre “Cine Sueco”

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Hace un año encontré un puesto con libros de segunda mano en una feria de agricultura. Había ido como acompañante al evento y, pese a que ver plantas puede resultarme entretenido, el tenderete de libros acaparó toda mi atención. Como suele ser habitual en esas mesas no había mucha cosa aprovechable, abundan clásicos en ediciones de bolsillo publicados hace más de 50 años y fascículos de temas que nunca iba a leer. Acabé ojeando un viejo libro titulado Cine Sueco. Una sonrisa interna me recorrió al ver que en el índice dedicaba mucho tiempo a Stiller y Sjöstrom. Giré el libro fui a la primera página y vi que el año de edición era 1959 en Buenos Aires por lo que posiblemente su edición original aun era más tardía. Empecé a carcajearme y dejé el libro sobre la mesa de nuevo. Me preguntaron porqué me reía tanto y les dije:

– Acaba de llamarme la atención ese libro de ahí. Habla de cine sueco pero es tan viejo que ni siquiera Bergman había rodado sus películas más destacadas.

Lo recogí de nuevo de la mesa. En el índice se concluía con dos capítulos llamados “la nueva gran época” y “los jóvenes”. Definitivamente imaginar un Bergman joven, aunque alguna vez fue, me resultaba tan extraño como imaginarme a un Beckett joven, que también fue alguna vez. Me sugirieron que aun así me lo comprara y así vino a casa creyendo que tardaría un tiempo en encontrar el momento para empezarlo. Pero no tardé.

El crítico, Berg Idestam-Almquist pecaba en muchos casos de anecdótico y de un ansia demasiado evidente en señalar que el cine sueco debía tenerse en cuenta, cosa que demostraba cierto complejo de inferioridad respecto a Francia, USA, Alemania o URSS. Sin embargo era tan ameno, que lo continué leyendo casi como si fuera una novela, llenándome poco a poco del espíritu que debía respirarse cuando los primeros cineastas hacían cine sin tener precedentes, inventando las normas que luego todos seguirían, siendo pioneros. A veces me seducían películas que anotaba y Idestam-Almquist me descubría páginas después que no había copias existentes de ese film pero sí críticas aparecidas en ese momento en la prensa. Leer las noticias a favor y en contra de ese arte tan poco elevado en aquel entonces, tan popular, me hizo pensar en la suerte que corren los nuevos medios de arte en cualquier época y a partir de ahí, el libro Cine Sueco ya no era risible sino un espejo del pasado hacia el presente y todas aquellas personas que intentan hacer algo bello con medios que usan las masas para distraerse, que no están canonizados.

Como decía, el libro tiene muchas anécdotas y poco análisis profundo. Berg Idestam-Amquist no contaba con los grandes tratados de cine que actualmente se encuentran en cualquier librería de cinéfilo documentado porque todavía no se habían escrito. Sin embargo se mostró muy agudo en apreciar la creación de un nuevo lenguaje visual, muy distinto al escrito. En marcar la gramática narrativa emocional de las imágenes para evocar el transcurso de un argumento. Por ejemplo dice:

«Sjöstrom comenzó a descubrir cuánto podía acercarse la fuerza de atracción del film si cada escena era compuesta visualmente. Una mano que tomada en primer plano, resbalaba sobre un hombro, podía decir infinitamente más que muchas largas escenas teatrales, con miradas y gestos estilizados. La caída de aquella mano era la realidad misma. No representaba algo, “era algo”.»

La idea principal es que un libro puede explicar estados emocionales durante un sinfín de páginas. Parar el tiempo para detallar exactamente algo que ocurre en un segundo. La riqueza de la literatura puede ser el detener ese tiempo como por ejemplo hace Proust o Baudelaire. Sin embargo el cine tiene un espacio temporal muy delimitado, y no debe copiar los recursos de la literatura cuando tiene algo mucho más potente: la imagen. La imagen detona sobre las personas como una bomba de relojería. Cuando se dice que una imagen vale más que mil palabras, quiere decirse que muchas veces una imagen llega a mostrar una emoción con más precisión que su descripción a través de palabras. El cine no debe explicarse con “largas escenas teatrales” que intenten verbalizar sino que con esa “caída de una mano” se puede directamente mostrar sin explicar que alguien está abatido, triste, muerto o lo que sea.

«Para él (Stiller) literatura y cine eran dos campos artísticos completamente diferentes, que no debían ser mezclados. Y luego de haber elegido el cine como actividad artística dio las espaldas a la literatura de manera apreciable (…) Cuando Stiller inició su carrera el arte cinematográfico estaba impregnado de literatura. La intriga era lo más importante aunque ésta, como ocurría en la mayor parte de los casos, estuviera provista de interés. Stiller hacía los mayores esfuerzos para recrear en el cine valores pictóricos, arquitectónicos y musicales que hiciesen del film un arte independiente, actuante sobre el publico a través de sus medios expresivos.»

Reafirma de nuevo las diferencias entre ambas formas artísticas. Ni en Cine ni en Literatura es tan importante qué se dice sino cómo se dice. Aquí hay el gran cisma entre Literatura y Cine. La Literatura dice con palabras y por tanto cuando cuida como cuenta las historias, cuida las normas de la lengua. El Cine dice con imágenes y por tanto cuando cuida como cuenta las historias, cuidara la composición de las imágenes y la música. Es por ello que Stiller decidió esforzarse en aquello que aparecía ante la cámara, “el espacio arquitectónico”. De este modo puedes actuar sobre el público como hacen los grandes libros.

«Escribe (Sjöstrom) en un estilo rigurosamente cinematográfico, no dice, como escritor literario, en que estado de ánimo deben hallarse los personajes, sino que aspecto deben tener. Lo exterior expresa su intimidad. Y es justamente ésta la manera de crear las imágenes de un film.»

Del mismo modo que Stiller cuidaba los espacios, Sjöstrom cuidaba la actuación de sus actores. Para ello, en sus guiones no debía comunicar “está triste” sino que apariencia tiene una persona que esta triste como podría ser ojos caídos, languidez de hombros, etc. Esta nueva forma de expresión descriptiva podría llamarse eminentemente visual aunque ya se usara desde tiempos remotos en Literatura. Es la voluntad de mostrar y no de decir. La exterioridad de las personas se vuelve importante para hablar de sus deseos más profundos.

Ese libro que iba a quedarse en la mesa de una feria sobre agricultura me atrapó y me hizo viajar a unos años atrás. Me hizo recordar que he traído a un país extranjero una carpeta llena de apuntes sobre las avenencias y desavenencias entre el lenguaje visual y el lenguaje escrito. Me hizo recordar que he olvidado muchas de las cosas que leí, pero que asimilado cosas que no terminaba de comprender. Quizás no es mal momento para retomar tesis inconclusas que solo pretendían conectar como se pueden llegar a parecer las metodologías de dos personas que se proponen crear algo aunque sus herramientas sean completamente distintas.

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