En busca del autor contemporáneo

Oí decir a un profesor de universidad, ante toda su aula, que no leía libros ni autores recién publicados hasta pasados al menos 5 años para evitar encontrarse más paja que trigo. Esta actitud de sommelier selecto indicaba tal comodidad que me quedó grabado a la tierna edad de 20 años. Venía a afirmar que ser el primero en leer a ciertos autores no le era tan necesario como el hecho de leer textos que comúnmente se hubieran aprobado como relevantes. Ir directo al grano con lo que era perceptible a ser perdurable ya que, a fin de cuentas, tratándose de un profesor de universidad de letras, es su trabajo: mantener El Cánon.

Los lectores con un mínimo culto a lo moderno suelen ir buscando esas posibles listas de títulos imprescindibles para entender la década que le ha tocado vivir. No es que no existan listas, hay un montón en la red, revistas, periódicos y demás medios de comunicación. El problema es que el concepto de “autores más relevantes” vuelve a colocarnos en la actitud cata-vinos que comentaba anteriormente. Esas listas suelen venir a espejo de gustos personales de lectores en primera línea de fuego que han batallado en las peores condiciones silbándole libros malos al lado de la oreja con el peligro de que en cualquier momento les estallara la cabeza. Si toda la infantería coincide en algunos títulos estos devienen moda. Normalmente son bluffs, libros totalmente anodinos que han demostrado que las personas somos muy influenciables y que las editoriales ponen todo su arsenal en que el marketing vaya directo a donde más duele. Da igual si son best-sellers o literarios, hay muchas maneras de presentar algo como molón, ellos saben lo que hacen y a veces las masas leídas somos muy tontas. Pero otras veces las modas destacan autores que, siendo o no brillantes, han sabido reflejar lo que buscaban los lectores de su fecha de publicación.

En el espacio temporal de esos 5 años antes de que vengan los estudiosos a saquear suceden muchas cosas. Actualmente la lectura ya no es un acto privado aunque si sigue siendo individual. Decía hay múltiples modos de compartir novedades editoriales pero también de compartir experiencias de lectura. En esos espacios, los lectores, en una experiencia personal, podemos apasionarnos o quedarnos fríos, pillar las intenciones del texto o que nos pasen por alto. El carácter universal no es algo que se pueda determinar individualmente, pero sí la calidad literaria. Muchas veces que ese tipo de comentarios vengan de fuentes fiables ayudan a que los libros empiecen a brillar como faros en las marismas de las librerías.

Estar en vanguardia, fuera de esa idea romántica que nos han metido en la cabeza, es un trabajo de prueba y error. Encontrar esos libros imprescindibles, como experiencia vital que es, funciona como toda evolución personal. No puede venir excesivamente masticada como sucede en esas lecturas recomendadas de los temarios de literatura de cualquier carrera de lengua. Es una exploración donde muchas veces se aprende más de los errores que de los éxitos pese a que te hagan perder un tiempo valiosísimo. Pero es que en los periodos de incerteza, antes de que las cosas se fijen, no sabemos tanto lo que queremos como lo que no queremos.

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