Citas – Telegraph Avenue [CHABON]

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Abro un apartado de citas con una muy larga. Este fragmento está colocado estratégicamente en medio de Telegraph Avenue con mucho acierto por parte de Michael Chabon. El diálogo entre Goode, un magnate de la distribución discográfica, y Archy, el copropietario de una pequeña tienda de discos de toda la vida, ha cambiado la idea que tenia de la novela por ahora. Ha dejado de hacerme creer que el libro es entretenido, con muchas referencias musicales a aprovechar, para advertirme que estoy ante uno de esos libros que valen la pena ser leídos.

La propuesta de Goode se enmarca en el clásico el grande se come al chico pero va más allá. Habla del cambio de tendencias, de cómo influir en ellas y cómo formar parte aprovechando quien tiene el poder. Ya veremos cómo se resuelve este dilema a lo largo de las páginas restantes.

 «–El mundo de la música negra ha experimentado en muchos sentidos una especie de Apocalipsis, ¿me sigues? Si miras el paisaje de la expresión musical negra de hoy día, es postapocalíptico. Un revoltillo sin sentido de fragmentos rotos. Pedazos y sampleados. Gángsters que andan en tribus. Lo cual no es una falta de respeto por la música de las últimas dos décadas. Entendida en sus propios términos, me encanta. Me encanta. La vida sin Nas, sin el primer álbum de Slum Village sin, joder, The Miseducation of Lauryn Hill… es que no me la imagino. Y no estoy diciendo que solo  porque haya sampleados no estén teniendo lugar innovaciones. La música negra es innovación. Al mismo tiempo, tenemos una continuidad de las tradiciones, hasta en el último garito de hip-hop. Los combates callejeros de insultos y esas cosas. La música de iglesia, el blues, si te pones a analizarlo mucho. Pero seamos francos, o sea, se ha perdido mucho. Mucho. Ellington, Sly Stone, Steve Wonder, Curtis Mayfield, en la música negra de hoy en día no tenemos a nadie que se acerque siquiera a ese calibre m te estoy hablando de genios, de compositores, ¿tú me entiendes? De Quincy Jones. Charles Stepney. Weldon Irvine. Joder, te hablo de saber sacárselo todo a tu instrumento. La guitarra, el saxo, el bajo, la batería, antes todas esas cosas eran nuestras. ¡La trompeta! Éramos los terratenientes, los músicos blancos nos tenían que alquilar los instrumentos a nosotros. Ahora, sin embargo, algún chaval negro que sea medio genio… RZA, por ejemplo… No sabe tocar ni el flautín, joder. No sabe hacer nada más que “citar”. Somos como esos indios que hay hoy día en México: esos cabrones flacos que viven de frijoles y duermen con su cabra encima de una roca antes tenían templos que podían predecir cuándo iban a haber eclipses de sol.
No voy a culpar a nadie, y tampoco sé cuál es la razón, porque no he estudiado el tema y estoy seguro que, como pasa con todas las desgracias de la vida, debe de haber diez o doce razones para que la civilización musical haya sido arrasada por esta tormenta de fuego, ¿Cómo la llaman en el libro…?
Goode le echó un vistazo al guardaespaldas, Taku, que estaba sentado y enfrascado e un ejemplar de la revista Shonen Jump:
–El Diluvio de Llamas –dijo Taku, sin levantar la vista.
–Las discográficas. La MTV. La radio comercial. El crack. Los recortes de presupuesto de los programas musicales, las bandas de instituto. La razón es todo eso y no es nada de eso. A fin de cuentas, da igual. Lo que digo es que estamos viviendo en el día después. Lo único que tenemos es un montón de pedazos rotos. Y tú has estado recogiendo esos pedazos y quitándoles el polvo y manteniéndolos bien limpios y ordenados, y eso es digno de elogio. De verdad. Lo que te estoy ofreciendo es una oportunidad no solo de colgarlos en la pared de tu museo y de vez en cuando venderle alguno a un dentista blanco o un abogado fiscal para que los lleve a casa y los cuelgue en la pared. Lo que te estoy ofreciendo, lo que te estoy diciendo es: venga, pongamos esa música de verdad allí donde están los chavales, donde el futuro se está gastando el dinero. Enseñémosles. Expliquémosles lo que significan todos esos viejos pedazos rotos y por qué son importantes. De esa manera será posible que uno de esos chavales se te acerque, aprenda lo que tienes que enseñarle y empiece a recomponer las cosas. Ya me entiendes.
–Ajá –dijo Archy–. O sea que quiere que yo sea el San Leibowitz del Funk.»

 MICHAEL CHABON, Telegraph Avenue, Mondadori, Barcelona, 2013
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4 comments

  1. Sergio Saborido Beiroa

    Todo derivó sin embargo en un 3 estrellas, así que, recomiendas el libro o ¿simplemente cae en lo anecdótico? Parezco un sociópata digital siguiéndote por las redes sociales, preguntándote siempre lo mismo, sobre el mismo libro. Ja! Lo siento! Prometo parar!

    Little bye!

    • MLR

      Jajajaja Sociópata o no voy a darte respuesta que, por otro lado, iba a darte en goodreads.

      Vamos a ver el porqué de esas tres estrellas (6/10): Me costó mucho entrar en el libro y no por lenguaje complicado, por conceptual, etc. El libro es accesible pero no me interesaba demasiado el modo en como se me contaba la historia de la tienda de discos. La cita que transcribo aquí me impulsó, pensé que por fin iba a arrancar con un planteamiento interesante. Sin embargo, insinúa que va a hablar del cambio en la industria musical y no desarrolla nada. La historia no me ha atrapado lo más mínimo, sus personajes y sus vidas privadas me han dejado muy indiferente.

      Hasta aquí todo muy destroyer y recordemos que lo he aprobado.

      Lo interesante del libro radica propiamente en la música, que es su tema central. La música la hace una buena novela. Por encima de las recomendaciones musicales que enriquecen la lista de discos pendientes que tengo, la música define las situaciones, define los personajes y define estados de ánimo. Eso lo he encontrado muy acertado. Chabón escribe francamente bien y, de entrada, notas que sus citas musicales no son anecdóticas. Es una oda a la evolución de la música popular y sobretodo la gran participación en ella de la música negra. Si se habla de racismo, si se habla de nacimiento y muerte, de generaciones, de cine y de dinero es porque todos ellos son factores que han marcado la música popular del s XX.

      No se si con esto te he ayudado. Yo creo que vale la pena leerlo. Quizás le estaba exigiendo una profundidad al libro que no tiene por qué tener.

      • Álvaro

        A mí me parece que por una parte hay un sector importante de la sociedad que está demasiado embotada por trabajos machacones y por otro se nos orienta demasiado hacia lo inmediato y cómodo. Porque está claro que los primeros nombres que salen al referirse a cualquier música son los más populares, en la música negra lo mismo son Beyoncee o Kanye West, pero por otra parte también existen Robert Glasper o Josuha Redman, que no tienen tanto éxito pero también son representativos de la música negra contemporánea y que también explotan sus posibilidades. Pero a día de hoy se nos enseña que con quedarse con esos nombres elementales ya se colma todo ese campo y con eso basta y es cada vez menos los que se molestan en preguntarse qué más hay. Se nos estimula hacia lo nuevo pero que tenga mayor atención mediática.

        Me apunto por cierto esta novela de Chabon. Hace tiempo que quiero leer alguna de sus novelas y emepezaré por esta antes de ir a por su novelón Las aventuras de Kavalier y Clay. El tema me interesa más.

        Defintiivamente me gusta tu blog. Saludos!

      • MLR

        Creo que todo el mundo tiene la posibilidad de elegir si le gusta consumir un producto masticado o prefiere investigar. Una opción es más cómoda que otra y muchas empresas usan esa premisa de “sociedad del bienestar” para sacar tajada. En música es evidente esa escisión: mainstream y underground. No se puede saber de todo ni dedicarle tiempo a todo. La gente normalmente suele seleccionar mediante imposición o recomendación tanto en el mainstream como en el underground. Solamente los que sienten fervor apuestan por investigar y echarle horas a ello. Y con investigar, estoy de acuerdo contigo en que no es quedarse en los grandes nombres. Esto ha sido siempre así y siempre lo será, no creo que se pueda cambiar una sociedad pero si a un individuo.
        La novela de Chabon está bien. Me sucedió lo mismo que a ti, el tema me interesaba más y me apetecía saber que tal escribe. Creo que el libro podría explotar más los temas que abarca así que leeré también Kavalier y Clay para terminar de formarme una idea de su escritura.

        ¡Gracias por el alago!

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